lunes, 4 de septiembre de 2017

¿Cuándo dejar de ser una empresa familiar?


Aunque la mayoría de las empresas familiares surgen con la expectativa de perdurar en el tiempo y de pasar de una generación a otra, es posible que en algún momento determinado los dueños decidan que ya no quieren que su proyecto empresarial sea una cuestión de familia. Según Josep Tàpies, catedrático del IESE Business School, hay una serie de razones que pueden impulsar a que se tome esta decisión. 

En primer lugar, hay razones de naturaleza estrictamente empresarial. Es posible que se haya dejado de tener claridad sobre el futuro del negocio. En algún momento se perdió la idea de visión, misión, objetivos y metas, por lo que se desconoce el camino a seguir. Otra razón podría ser que la empresa jamás alcanzó el tamaño necesario para ser eficiente, por lo que continuar con sus operaciones terminaría por ser contraproducente. 

En segundo lugar, existen razones de corte familiar que impiden que la empresa siga funcionando o que entregue los resultados necesarios según las expectativas y deseos de los dueños. En esta área hay dos grandes problemas: cambios generacionales o ruptura en la unidad familiar. Estas dos circunstancias tienen el potencial de terminar con una empresa familiar. 

Los cambios generacionales son uno de los conflictos comunes que aquejan a las empresas familiares. Falta de visión o de claridad en el tema de la sucesión o, incluso, excesiva dependencia de una persona, como el fundador, causan problemas cuando la empresa se le entrega a la siguiente generación de la familia. Algunas consultoras han reportado que el 70% de las empresas familiares no sobrevive a los cambios generacionales. Esta cifra también se debe a que en ocasiones las nuevas generaciones simplemente no se sienten comprometidas con el proyecto empresarial.

La ruptura en la unidad familiar no se refiere necesariamente a la existencia de problemas personales al interior de la familia. Esta ruptura puede aparecer cuando los miembros de la familia dejan de compartir la filosofía de la empresa y comienzan a esperar cosas distintas del negocio. Quizá a algunos les empezará a preocupar más el dinero, mientras que otros, con el afán de cuidar la imagen y legado de la empresa, desearán poner más cuidado en la producción de la mercancía. 

Sin importar cuáles sean las razones que hayan motivado a los dueños a tomar su decisión, lo mejor es contar con un protocolo de acción en caso de que llegue el momento de dejar de ser una empresa familiar. Tener una guía a seguir será de mucha ayuda. Esto también es cierto para otras áreas de la empresa, como la definición de la sucesión, la designación de los puestos, etcétera. El cierre de la empresa no debe ser motivo de recelos, por lo que, en caso de ser necesario, se podrá contratar a un profesional externo que ofrezca apoyo.

Con la asesoría de un Coach de Negocios aprenderás a delegar funciones y la empresa comenzará a moverse por sí sola.


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